Agencia Wifginstinnin

Nada más entrar me dijeron que habían llamado de una agencia preguntando por mí. Al parecer había sido “seleccionado” para participar en un curso para gente “con mis cualidades” que me llevaría a formar parte de una importante bolsa de trabajo “con muchas posibilidades”. Como yo no estaba y, dijeron, era imperante hablar conmigo personalmente en persona por teléfono (como diría Catarella), prometieron llamar de nuevo a la tarde. Quien tomó el recado insistía en que debía hablar con ellos y enterarme bien de lo que ofrecían, pues sonaba importante, pero después de haber visto demasiados episodios de Equipo de Investigación, mi postura era bastante escéptica, por no decir paranoide: ¿cómo habían dado conmigo? ¿Cómo sabían quién era? Fueron preguntas que me hice al principio, pero luego caí en la cuenta de que mis datos personales circulan por el ciberespacio gracias a las redes sociales, la C.I.A.* y a saber.

Con los datos que habían dado (casi ninguno), decidí hacer una rápida búsqueda en Internet, como en las películas malas, a ver si lograba localizar la milagrosa agencia y averiguar sus malvados planes. Lo primero que hice fue meter su número de teléfono en Google y todas las entradas que salieron afirmaban que pertenecía a un local de recreativos del centro que llevaba años cerrado. La idea de que unos espíritus del más allá adictos a los arcades me ofrecieran cosas me resultaba poco probable, así que amplié la búsqueda un poco más hasta que finalmente me di por vencido al no encontrar nada de nada.

Pasadas las horas, estando yo con mis pantunflas, mi pipa de burbujas y mi sombrero fez, ocupado leyendo el New York Times, el teléfono sonó. Vi que era un número distinto al que había llamado antes, así que supuse que sería otra persona, pero no, eran ELLOS. O más bien ELLA. La conversación fue más o menos así:

Agencia Wifginstinnin: ¡Hola!, ¿eres Alejandro?

Atractivo Narrador: Sí, ¿Quién es?

A.W.: Llevamos días tratando de localizarte, soy Chari, de la Agencia Wifginstinnin.

A.N.: Perdón, ¿de qué?

A.W.: De la Agencia Wifginstinnin.

Como me daba vergüenza preguntar una tercera vez, hice como si Wifginstinnin fuera una palabra real que usan los humanos. No era ese (creo, espero) el nombre que decía Chari, aunque sonaba a algo así.

Intrigado, me dejé llevar.

A.N.: Y, ¿qué quería?

A.W.: Verás, tu nombre está en nuestros archivos de candidatos idóneos para realizar un curso de informática avanzada que complementaría y ampliaría considerablemente los estudios de tu carrera, permitiéndote acceder a puestos de trabajo mucho mejor situados. Veo que has hecho filología. Nuestro curso sería perfecto para ti.

A.N.: Perdona por la pregunta,  ¿informática avanzada qué es?

A.W.: Ah, pues se te formaría en cosas como diseño gráfico, diseño industrial, dibujos técnicos digitales, Internet avanzado, y cosas así.

Lo de Internet avanzado no me lo he inventado.

A.N.: [desconcertado, pero manteniendo el tipo] Ah, muy bien, pero sigo sin saber qué tiene que ver eso con filología.

A.W.: Es que hoy en día todo está muy informatizado.

Nada que discutir aquí.

A.W.: De todas formas tú puedes venir cuando quieras, nuestra oficina está en Marqués de Paradas, que nuestra directora te informará de todo y te orientará. Tú me dices cuándo te viene bien y te doy cita, ¿cuándo podrías venir?

A.N.: Ah, no, no te preocupes, yo me acerco cuando pueda.

Por supuesto.

A.W.: No, no, tú tienes que llamar antes. No puedes venir sin avisar. Toma, apunta mi número [lo dice] y me mandas un WhatsApp cuando quieras que te dé cita.

A.N.: Ahá… Y, bueno, si es un curso, habrá que pagar matrícula, ¿no?

A.W.: ¡No! [ríe, ríe mucho, ríe demasiado] No tienes que pagar nada, no te preocupes, esto es un curso subvencionado por la Unión Europea y apoyado por la Junta de Andalucía, que conlleva asistir a clase dos horas a la semana y donde no hay ni exámenes ni trabajos ni nada. Tú solamente tienes que poner un aporte económico del 20%, que serían 1.000 euros, pero puedes pagar 20 o 30 cuando vengas y pedirnos financiación. Eso es todo.

A.N.: Estupendo.

Fue el “estupendo” más irónico que he dicho en mi vida.

A.W.: ¡Perfecto!

Fue el “¡perfecto!” más alegre que he escuchado jamás.

A.W.: Venga, pues quedamos en eso. Tú me mandas el mensaje, me dices tu nombre en él y yo pongo a punto el dossier que tenemos sobre ti para que tengas un trato personalizado cuando vengas.

A.N.: Espera un momento, ¿cómo has dicho que se llama la agencia?

A.W.: Wifginstinnin. Wif como en Agfsertogen, gins como en Ajandemorer y Tinnin como en Marbella. Todo junto. ¡Un saludo! ¡Te esperamos!

A.N.: Venga, ¡hasta luego!

Colgué.

Me gusta pensar que Chari  sigue sentada en la recepción de su oficina pirata años después, hundida en una penumbra polvorienta, con uñas largas y una maraña de canas, mirando su teléfono fijamente mientras sigue esperando mi mensaje, mi dinero y la vuelta de su integridad.

 

*N.del A.: Aprovecho la ocasión para mandar un caluroso saludo a Larry, el dicharachero agente de Langley que investiga todos mis movimientos. Keep up the good work, Larry!